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Nuestra Historia

La primera vez que entendí el negocio no fue en una junta.

Fue en un momento absurdo: teníamos un espacio listo, “bonito”, con todo lo que un arquitecto presume… y aun así había una duda que nadie quería decir en voz alta:

 

¿Y si esto no se renta?

 

No porque faltara diseño.

Sino porque el diseño no manda.

 

El que manda es el huésped.

Y el huésped no te compra tu gusto. Te compra comodidad, reglas claras, ubicación que le funcione, un precio congruente… y cero fricción.

 

Ahí nació la idea que hoy guía todo lo que hacemos:

 

Inversionista: tú no eres el cliente. El cliente es el huésped. Y el huésped es quien paga.

 

En 2018 decidimos dejar de “hacer proyectos” y empezar a construir un sistema.

Un sistema para un perfil específico: jóvenes profesionistas que necesitan un lugar céntrico para arrancar su vida laboral, con la estructura suficiente para independizarse sin caer en el caos.

 

Pero aquí viene lo incómodo: antes de diseñar, tuvimos que aceptar algo que a muchos les da miedo.

 

Había oferta… pero no había solución.

 

Encontramos “opciones”, sí.

Solo que muchas eran inviables: estaban fuera del alcance real, eran incómodas, o eran una promesa bonita que se desmoronaba en operación (rotación, quejas, mantenimiento, convivencia, vacancia).

 

Entonces hicimos lo contrario a lo que hace la mayoría:

 

No nos obsesionamos con el render.

Nos obsesionamos con el método.

 

Investigamos, diseñamos, construimos y operamos espacios habitacionales para alquiler.

Y no desde la teoría: desde el punto de vista de dueños.

 

Porque cuando operas como empleado, cumples tareas.

Cuando operas como dueño, proteges el activo.

 

¿Y qué cambia con eso?

Cambia todo: estándares, mantenimiento preventivo, pricing, reglas, reportes.

Cambia la reputación. Cambia la ocupación. Cambia el precio que puedes cobrar sin quejas.

 

Y los resultados (históricos) nos dejaron una señal difícil de ignorar:

desde nuestra apertura, logramos ocupación del 97% y alcanzamos metas de ingresos mucho antes de lo esperado en el modelo.

 

Suena a éxito… pero también es una alarma.

Cuando un alojamiento se renta en horas, no es “magia”. Es demanda.

Demanda real de vivienda temporal bien hecha. Y también la evidencia de un mercado que, muchas veces, ofrece “vivienda” pero no ofrece vida.

 

Hoy DIKA y Smart existen para una sola cosa:

hacer que el huésped esté cómodo… para que el inversionista cobre.

Con un sistema, no con esperanza.

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